Hace un par de días vi La mesita del comedor.
Una película que está dando bastante que hablar.
Y no me extraña en absoluto.
Más allá de si es buena o mala.
Mejor o peor.
Lo que me cautiva de ella es cómo se enfrenta tan alegremente a un tabú.
Y no te diré qué tabú es.
Ni como lo aborda.
La cuestión es que en estos tiempos que corren es de agradecer que alguien se salga de la linde.
Y cuente al mundo su historia.
Su locura…
SU MOVIDA.
Y que lo haga sin miedo.
—o con él, pero echándolo a un lado—
Poniendo en riesgo la reputación.
La carrera profesional.
E incluso la salud.
La mesita del comedor es una rareza.
Una película española de terror psicológico.
Costumbrista…
Y con altas dosis de humor negro.
Es de esas obras que provocan reacciones extremas:
O la odias o la adoras.
Yo —por mi parte— a poca gente se la recomendaré.
Esta vez sí que es para estómagos fuertes… Y cerebros y corazones.
Y no porque haya sangre, vísceras y mucha violencia…
En absoluto.
Es por todo lo que plantea.
Por la terrible situación que propone.
Por la terrorífica posibilidad de que algo así pueda suceder.
Y vuelvo a lo de antes…
Es de agradecer que alguien se la juegue abordando de esta manera un tabú.
Algo intocable.
Y de lo que no se debería hablar.
Porque un tabú —sea el que sea— lo único que hace es restarte libertad.
El humor y el arte son sagrados.
Y ninguno de ellos debe tener límites.
Ya sea para hacer un chiste o para crear una obra de arte.
—o ambas cosas a la vez—
Te guste o no…
Y estés de acuerdo o no.
Por supuesto, siempre estarán al acecho las hordas defensoras de la moral.
Y del buen gusto.
Usarán conceptos como apología, correcto, respeto…
Y nos dirán lo que sí y lo que no.
Criticarán no solo la calidad de una obra —una película en este caso—.
Sino el hecho de que exista.
De que plantee algo desagradable.
Y no responda al plan establecido.
La mesita del comedor (1) está por encima de todo esto.
Y solo este hecho ya tiene un valor inmenso.
Para unas personas es una obra magnífica.
Y para otras, un bodrio.
Eso es lo de menos.
Lo importante es que esta película hace lo que le da la gana.
Superando la autocensura.
Y todo lo que la rodea.
Y esto —dita sea…— es lo más difícil de todo.
(1) – Si te gusta el cine de terror y quieres ver esta película, te recomiendo que lo hagas sin saber nada sobre ella. Y si no tienes intención de verla, pero te da curiosidad, puedes echarle un ojo al tráiler haciendo clic aquí.