Hay mucha mentira en torno a la tolerancia.
Se nos vende como algo bonito, como un estado de plenitud que nos hace sentir mejores personas…
Pero eso es mentira.
Ser tolerante no es agradable.
Al contrario, es difícil.
Y a veces antinatural.
E incluso nos puede hacer tragar bilis.
Ser tolerante no significa que no te moleste lo que hace otra persona.
Ni mucho menos que te guste.
Ni siquiera que lo entiendas.
No…
La tolerancia significa que tienes que aguantarte.
Y apechugar.
Y respetar.
Y es que digan lo que digan, ser tolerante es un suplicio.
Porque tienes que tragarte tus ideas, gustos y apetencias.
Y dar un paso atrás para que la otra persona lo dé hacia delante.
Y es que ser tolerante consiste en eso:
En joderse.
Y de ahí su grandeza.
Y de ahí su necesidad.
No dejes que te engañen:
Ser tolerante no es agradable.
Y su objetivo no es que cantemos alegres himnos cogidos de la mano.
Ni mucho menos.
Su razón de ser es que nos respetemos.
Aguantándonos unas veces.
Y haciendo que nos aguanten en otras.
Ser tolerante no es agradable.
Resulta difícil.
Y cada vez es más necesario.
Ser tolerante es esto:
Joderse y respetar.