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Mi tío Claudio tiene la culpa de todo

Mi tío Claudio era una persona genial.

Especial.

Diferente.

Y gracias a él me adentré en el mundo del terror.

 

Lo recuerdo como si fuera ayer.

Ese momento y ese lugar en los que me dije «Ey, Llorch, esto de pasar miedo no está tan mal…».

Tenía unos seis añitos y esa noche echaban en la tele El Resplandor.

En circunstancias normales me habrían mandado a mi habitación.

Pero aquella noche no había circunstancias normales… Aquella noche mi hermano Manolo y yo estábamos en casa de mis tíos.

Y eso era sinónimo de diversión, de surrealismo y, sobre todo, de mucho miedo.

 

A mi tío Claudio le encantaban las pelis de terror —de eso no hay duda—, pero había algo que le apasionaba aún más:

Ver cómo disfrutábamos de ese mismo terror.

Cómo se iluminaban nuestros ojos.

Y se nos secaba la garganta.

 

Mi tío Claudio se sentía bien así:

Haciendo felices a los demás sin que apenas se dieran cuenta.

Abriéndoles las puertas de nuevos mundos para que los exploraran más adelante…

Cuando quisieran. Cuando se sintieran capaces.

Y esto es lo que ocurrió aquella noche de El Resplandor.

 

Mi tío nos aseguró que debíamos verla… que la había visto en el cine y que era genial.

Y allí estábamos los dos mocosos, encajados en el mismo sillón y atentos al televisor.

Y empezó la película…

Y empezó nuestro amor por el terror.

Ni Manolo ni yo no dábamos crédito.

Estábamos aterrorizados y felices al mismo tiempo.

Descubriendo algo nuevo e inaudito… Algo casi mágico.

Quizá, prohibido.

Y detrás de nosotros estaba mi tío Claudio sin quitarnos el ojo de encima.

Disfrutando más de nosotros que de la película.

Con esa sonrisa tierna y maliciosa que nunca se quitaba.

 

Por supuesto, Manolo y yo fuimos incapaces de terminar la película.

Tuvimos que reconocer con la cabeza gacha que nos superaba.

Y con un suspiro de alivio nos marchamos justo antes de que Jack entrara en la habitación 237…

Pero ahí empezó todo.

Ahí empezamos a recorrer el camino que mi tío nos había regalado.

Ese que aún no hemos abandonado.

 

Claudio ya no anda por aquí.

Se fue hace unos años a caminar por ese mundo del que ya no se vuelve.

Muchas veces me acuerdo de él.

Y creo que le habría encantado leer Porta Coeli Zombi.

Este libro tiene mucho de lo que a él tanto le gustaba.

Y estoy convencido de que, de una forma u otra, empezó a escribirse aquella noche mágica…

 

Ya lo dije antes:

Mi tío Claudio tiene la culpa de todo.

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