No se te ocurra parar.
Tienes que seguir, seguir y seguir…
Y no parar nunca.
Piensa que si paras estarás perdiendo el tiempo.
Y en lugar de estar viendo, escuchando, hablando…
En lugar de estar engullendo, bebiendo, viajando…
Estarás perdiendo tu tiempo y tu vida.
Trabaja, consume, ríe…
¡Pero no pares!
Comparte, dormita, llora…
¡Pero no te detengas!
Ve al baño con el móvil.
Huye el fin de semana.
Maldice el despertador…
Pero no se te ocurra parar.
Porque si paras.
Es posible que te pongas a pensar.
Y que llegues a conclusiones.
Y que las conclusiones no te gusten.
Porque a lo mejor te das cuenta de cosas que no quieres saber:
— Que lo que no te deja parar en realidad te da igual.
— Que el hastío se camufla en la velocidad de tu vida.
— Y que te has olvidado de lo que realmente importa.
Solo en los momentos traumáticos resurge la verdad.
Solo cuando todo se para y no hay nada que hacer.
Solo cuando solo puedes parar…
Y tan solo puedes pensar.
Y es ahí cuando llega lo realmente difícil.
Lo chungo de verdad.
El momento de tomar decisiones.
Y llevarlas a cabo.
Y es que la vida no es eterna…
Así que ahora cierra los ojos.
Respira profundo.
Y piensa.