El otro día, en la presentación madrileña de Porta Coeli Zombi, me preguntaron:
¿Por qué zombis?
¿Por qué terror?
La cuestión es simple y directa.
Aparentemente fácil de contestar.
Pero no.
En el fondo es una pregunta temible.
Y al mismo tiempo, de agradecer.
¿Por qué zombis?
¿Por qué terror?
Es bueno hacerse de vez en cuando estas preguntas de partida.
Las que creías ya superadas.
E incluso olvidadas.
Porque son como los viejos amigos…
Estas preguntas ya no están presentes, pero te conocen como nadie.
Lo cierto es que con cada presentación que hago más aprendo sobre el libro y sobre mí mismo.
Y no dejo de sorprenderme.
Gracias a preguntas como estas.
Y comentarios que me hacen.
E incluso expresiones que veo.
Pero volvamos al principio…
¿Por qué zombis?
¿Y por qué terror?
Aquí podría explayarme y decirte que es el género que más me gusta, que más me apasiona, que más he leído…
Pero no.
Te voy a ser sincero:
En cierto modo “me arrepiento” de haber escrito una novela de terror.
De miedo.
De sangre.
Y de muchos zombis.
¿Por qué?
Porque esta literatura es una tierra hostil que no se toma demasiado en serio.
El terror, los zombis, las vísceras… pertenecen a eso que se llama “literatura de género”.
Es decir, literatura sectorial.
De frikis.
De gente rarita.
En fin, la segunda división de las letras.
Por supuesto, esto no me pilla por sorpresa.
Es algo que ya sabía.
—o al menos sospechaba—
Pero resulta divertido vivirlo en primera persona.
Y ser testigo de excepción.
No sé si te habrás dado cuenta.
Pero antes escribí “me arrepiento” entre comillas.
Y no es casual.
Ya que es un “me arrepiento” de mentirijilla.
Mitad sincero y mitad cínico.
¿Por qué?
Pues porque aunque es verdad lo que te he dicho sobre el género, hay mucha más tela que cortar.
Y ahí es donde se esconde la respuesta a la gran pregunta de partida:
¿Por qué zombis?
¿Por qué terror?
¿Por qué esto y no lo otro?
Y la repuesta es bien sencilla:
Porque la gente le tiene miedo al miedo.
Sin más ni más.
Y en esa fobia es donde reside el gran poder del terror.
Y te hablo del terror de verdad.
No el de sustos y sangre gratuita.
Ni el de malos muy malos.
Te hablo de un terror capaz de tocarte esa fibra que no quieres que nadie toque…
Es más, esa fibra que no quieres que nadie sepa que existe.
El terror es implacable.
Es un dedo blanco y huesudo que te rasca el cerebro.
Que se abre paso a través de tus miedos y traumas con su uña larga y amarillenta.
Y que saca a relucir todo aquello que siempre has querido olvidar.
O ignorar
O incluso negar.
El terror bueno es ese que te pone delante de lo malo.
Ese que rescata los recuerdos más oscuros de tu infancia.
O aquello de lo que te avergüenzas.
O quizá ese miedo atávico que te acompaña desde siempre.
El miedo da miedo.
Porque no conoce límites.
Y puede hacerte ver algo que no deseas.
Sobre ti o sobre todo aquello de lo que eres capaz.
Para lo bueno y para lo malo.
Y vuelvo una vez más a lo mismo…
No te hablo del matar por matar.
Ni del asesino escondido tras la puerta.
En absoluto.
Te hablo de ese terror puro y duro que te pone frente a ti.
Y te hace preguntas.
O lo que es peor:
Te obliga a hacértelas.
Y por eso…
Por eso nació esta novela.
Por eso escribí este libro.
¿Por qué zombis?
¿Y por qué terror?
Porque el miedo da miedo.
Y es extremadamente humano.
Y te recuerda que tú también lo eres.